Padre mío bueno

Margarita Moro Roper. Perfil biográfico y epistolario.

Eugenio Olivares

Ed. Rialp. Madrid, 2007.

233 págs. 13 €.

 

Jesucristo entregó a Pedro y a sus legítimos sucesores el poder de las llaves.  Santo Tomás Moro murió porque su conciencia no le permitía jurar otra cosa. Su vida y muerte son un regalo, una de esas historias ejemplares que se nos meten dentro y nos iluminan cada vez que volvemos a ellas. Son bien conocidas a través de sus obras –ampliamente editadas en nuestro país-, las biografías que se le van dedicando, el cine, etc. En ámbitos científicos el recuerdo de Moro es vivo y fértil y ha dado lugar a sociedades, revistas y congresos.

 

Olivares (Jaén, 1967) es profesor universitario de Literatura inglesa medieval y renacentista y lleva años rondando la figura del santo inglés. Hoy es un directivo de la Asociación Internacional de Amigos de Tomás Moro. En este trabajo se centra en la figura de la hija mayor (1505-1544), de la que se sabe poco, aunque sí que fue exquisitamente educada, que fue una persona de talla intelectual, el fruto más parecido a su padre en virtud y conocimientos. Además de esposa y madre dedicada, recibió una intensa formación humanística, escribió, tradujo y mantuvo contactos con Erasmo (que la llama “orgullo de Inglaterra”) y Vives.

 

El profesor Olivares reivindica la vida propia de esta mujer aunque es inevitable que en todo el libro –desde el propio título- no deje de hablarse de su padre. El perfil biográfico exprime lo poco que hay y resume los cortos años de Margarita, centrándose en su formación y su actuación durante y después del proceso que sufrió su padre. De las veintitrés cartas que componen la segunda parte del libro, cuatro son de ella y el resto son cartas que recibió, casi todas de su padre. Se ofrece una nueva traducción de esta privilegiada ventana al fondo del pensamiento de estas dos preseonas y a su relación.

 

Padre mío bueno es el libro que se espera de un investigador. Claro, riguroso, sopesado, documentado y exacto; escrito con precisión, elegancia y propiedad. La bibliografía y aparato crítico están acertadamente distribuídos de modo que se facilita la lectura para el no especialista. A la vez, se advierte una íntima sintonía de Olivares con Moro y su entorno. Comprende su visión de la familia y de la santidad en medio del mundo, y esto le permite intercalar jugosos comentarios y acercarnos de manera instructiva la vida y obra del Canciller de Inglaterra, entre la que destaca, de manera eminente, la formación de una hija a su imagen y semejanza.

 

Siempre es oportuno hablar de Moro, y bien vale aprovechar que viene de cumplirse el 500 aniversario del nacimiento de su querida Meg.

 

Javier Cercas

diciembre de 2007